Cuando el peligro vive en casa
- Carmen Lucía Mejía
- 25 sept 2018
- 9 Min. de lectura
En la tierra del paisaje, Sololá, día con día se presentan varios casos de denuncias por violación, un 20% de estas se deben a agresiones sexuales dentro núcleo familiar.
Su matrimonio comenzó como muchos otros, lleno de alegría, buenos momentos, amor, caricias y muestras de afecto. Con el paso del tiempo, María, una mujer sololateca (nombre ficticio) dio a luz un hijo, producto de su amor con Carlos, su pareja. “Todo iba bien, él me trataba con respeto, aunque sus celos siempre eran un problema común en nuestra relación, pero yo no le hacía caso, porque pensaba que él solo me celaba porque me quería mucho”, comenta María.

Después de 3 años y ocho meses, la relación se tornó enfermiza, Carlos comenzó a tomarla a la fuerza, bajo efectos del alcohol. Le decía que ella era su esposa, por lo tanto, tenía que satisfacer sus necesidades sexuales y ella, inconsciente del delito que estaba cometiendo su esposo, se dejaba, porque si no lo hacía, él le pegaba y de igual manera la agredía sexualmente.
“Ya eran muchas las veces que él me tomaba a la fuerza, y con el tiempo, ya no lo hacía solamente cuando estaba tomado, también cuando él quería, porque yo me convertí en un juguete sexual para él. Un día me hice de carácter y le dije que no me quería acostar con él, fue allí la primera vez que intentó matarme a golpes, desde entonces, el miedo invadió mi mente y prefería dejarme, porque era lo único que me quedaba”, explica la víctima.
La familia de María comenzó a ver los golpes que Carlos le había provocado, pero ella decía que eran golpes que se había hecho en el trabajo o en la calle, ya que Carlos la tenía amenazada. “Él no me escuchaba, yo le decía que ya no quería, que me estaba lastimando demasiado, pero él seguía; habían días en donde me costaba hasta caminar, porque cuando el intentaba penetrarme yo me movía para que no lo hiciera, pero él tenía mucha más fuerza que yo”.
María era una víctima de violación dentro del mismo núcleo familiar, pero ella no lo sabía, ya que tenía en la mente que al ser pareja, su esposo tenía toda la libertad de tomarla, hasta que luego de que Carlos la intentara matar por segunda vez, debido a que ella se rehusó a tener relaciones, decidió ir al Ministerio Público (MP) a denunciarlo por intento de homicidio.
“Yo lo denuncié por los golpes que me había dado, pero en el MP me comenzaron a hacer varias preguntas, sobre si él me tomaba a la fuerza, y cosas por el estilo, al finalizar, me dijeron que yo estaba siendo víctima de una violación. Al inicio no podía creerlo, yo nunca creí que estaba siendo violada, porque él era mi esposo, pero en el MP, me explicaron que muchas personas no denuncian que están siendo víctimas de una violación, por la misma ignorancia, y como acá en el pueblo no existe mucha información sobre eso, yo no sabía nada”, expresa María.
Calladas por miedo e ignorancia
Según informes del INACIF, a nivel nacional la tasa de víctimas por violencia sexual solo en el año 2015 ascendió a 51 víctimas por cada 100 mil habitantes, en donde Sololá presenta una tasa de 27 víctimas por cada 100 mil habitantes. Jorge Leonel Gudiel Arias, agente fiscal del Ministerio Público de Sololá, comenta que por cada 10 casos de violación, dos son víctimas de abuso dentro del mismo seno familiar.
Arias comenta que las violaciones se dan normalmente en las esposas, cuando no quiere tener relaciones sexuales con su pareja, y él insiste, esa ya es una violación; pero se da también en los hijos, cuando son engañados por sus familiares, y las víctimas al no tener el conocimiento necesario, piensan que dicha agresión sexual es algo normal.
Alma López, jueza presidente del Tribunal de Sentencia Penal de Delitos de Femicidio y Violencia Sexual de Sololá, explica que las violaciones dentro del contexto familiar se dan por un excesivo poder de confianza que poseen los familiares de la víctima, que en muchos casos calla por miedo, ya que en varias ocasiones la víctima es amenazada por su agresor. “Cuando las víctimas son niñas, el agresor las amenaza con matar a sus hermanos, a sus padres o las engañan diciéndoles que es un pequeño juego, luego abusa de ellas”, añade López.
“Muchas veces surgen varios malentendidos, las esposas que sufren de violación por parte de su propia pareja debido a la ignorancia que aun poseen muchas personas dentro de varios municipios del departamento, piensan que es algo normal, ya que la cultura del machismo está muy presente en Sololá”, agrega la Jueza del Tribunal.
Los expertos concuerdan con que en su mayoría, las víctimas son mujeres y niños, y que no siempre los agresores se circunscriben al núcleo más íntimo, pues en el departamento se han presentado casos en donde son los tíos, primos, abuelos o cuñados los que han abusado sexualmente de la víctima.
Los agentes del MP no descartan que en el departamento existan casos en donde el agresor es una mujer, sin embargo, comentan que debido a la cultura de machismo que aún se vive en varios de los municipios y aldeas de Sololá, cualquier hombre o adolescente que esté involucrado en una violación siendo la víctima, no tendría el valor necesario para presentar la denuncia, pues le daría mucha pena y vergüenza.
Hay que hablar, hay que denunciar
Según varios miembros del MP de Sololá, no es que el número de casos de violaciones vayan en aumento, sino lo que va en aumento es la cultura de denuncia, porque el ilícito ha estado siempre allí, y permanece, lamentablemente por muchas cuestiones propias de Guatemala, se dan las condiciones para que ese tipo de delitos permanezcan en el tiempo y lo que se ha evidenciado es que las víctimas ya no callan, entonces el aumento sería de denuncias y no de casos.
Por otro lado, hay que recalcar que puede existir una cifra negra (oculta), que son todas aquellas personas que siendo víctimas actualmente, no han podido denunciar los hechos a las autoridades competentes.
A pesar del incremento en las denuncias que se presentan a diario en Sololá, según datos del Ministerio de Gobernación, en su mayoría las principales víctimas son los niños y niñas entre los 0 y 17 años, en segundo mujeres de entre 18 y 25 años, esto es un factor que hace más complicado que la víctima pueda denunciar, ya que las víctimas al ser la mayoría menores de edad, no tienen los conocimientos necesarios sobre la importancia que tiene la denuncia.
Delfina Janeth García Morales, psicóloga del Sistema de Atención Integral de la Víctima de Sololá (SAIV), explica que lo que una víctima de violación dentro del núcleo familiar debe hacer es acercarse a una persona de mucha confianza, no necesariamente debe ser la familia, ya que en muchos casos, la familia no les cree. Pero puede ser alguna amiga, una maestra, o alguien de la iglesia, no importando quién sea, es necesario realizar la denuncia, pues es de vital importancia para que se pueda hacer justicia.
“Mi error fue quedarme callada desde un inicio, yo tenía mucho miedo, no quería involucrar a nadie más, sobre todo, yo no lo quería denunciar, porque yo quería luchar por nuestra relación”, comenta María, quien explica que tampoco le quería contar a su familia, porque ellos le iban a decir algo a Carlos y eso era poner el riesgo la vida de varias personas, entonces decidió buscar ayuda por otro lado, buscó varias organizaciones que estuvieran a favor de la mujer, pero lastimosamente en Sololá, no existen muchas de estas por lo que María fue a la defensoría de la mujer indígena, pero le dijeron que como no usaba traje típico no la podían ayudar.
Guatemala tipifica el delito de violación en el artículo 173 del Código Penal Guatemalteco de la siguiente forma: “Quien con violencia física o psicológica, tenga acceso carnal, vía vaginal, anal o bucal con otra persona, o le introduzca en cualquier parte del cuerpo u objetos, por cualquiera de las vías señaladas, u obligue a otra persona a introducírselos a sí misma, será sancionado con pena de prisión de ocho a doce años”. Este, es un delito de acción pública, lo que quiere decir que es perseguible de oficio por parte del Ministerio Público, debe ser investigado y sancionado como corresponde de acuerdo con las leyes del país para hacer justicia.
Después de varios meses, María decidió acudir al MP en donde recibieron la denuncia y comenzaron el proceso legal, que fue muy largo, ya que a María le perdieron los papeles en el juzgado, lo que atrasado todo el proceso por aproximadamente 6 meses. Luego de todo ese tiempo, a Carlos lo condenaron a 8 años de prisión, en donde lleva 1 año y 6 meses.
Secuelas imborrables
A criterio de GAM (Grupo de Apoyo Mutuo), la violación es un delito que da muerte en vida a la persona, de tal forma que esta no puede volver a ser la misma jamás, aun con la mejor atención psicológica, es una marca que queda en el alma y en la mente de quien lo ha sufrido.
María cuenta que una fundación le brindó ayuda, allí les daban ropa, alimentación y vivienda, pero no dejaban que ellas salieran, pues era un internado que ayudaba a su recuperación. En ese lugar habían niñas víctimas de violación de aproximadamente 15 años que habían quedado embarazadas. Pero existió un caso muy peculiar que a María le llamó la atención.
“Cuando yo estaba allí, llevaron a una niña de 5 años, ella no hablaba, solo lloraba y gritaba que porque su mamá la había dejado, a mí me dio mucha tristeza, pensé que la habían abandonado, entonces fui con ella y aunque no me hablara se dormía conmigo y me llegó a tener confianza.
Un día ella estaba en el baño y gritó, entonces corrí a ver lo que pasaba, cuando la vi, ella estaba sangrando, como toda una señorita, entonces corrí con las encargadas para preguntarles que estaba pasando, y ellas me contaron que a la niña la había violado su papá, y a su mamá le había dolido tanto eso y le había dado tanta rabia, que la había abandonado en la terminal de buses, eso me rompió el corazón, pero también allí me pude dar cuenta que el daño que le habían hecho a la niña fue tanto físico como emocional, porque ella ya no hablaba”, cuenta María, con la mirada perdida y las manos temblorosas.
Para la psicóloga del SAIV, son muchas las consecuencias que trae una violación dentro del núcleo familiar. La primera es la baja autoestima, ya que las víctimas sienten que no tienen valor, más en este tipo de cultura, en donde la virginidad cuenta bastante, se complican más las circunstancias, ya que muchas de las víctimas consideran que han perdido lo más valioso que poseen. Una violación, viene a afectar la visión de vida que tiene la víctima, más cuando aún son menores de edad y quedan embarazadas porque ya es muy difícil que sigan estudiando. Esto afecta tanto a nivel biológico, social y psicológico.
María cuenta que después de un año su proceso de recuperación sigue, ya que tiene que ir a terapias con un psiquiatra debido al gran daño que sufrió. “Al saber que fui violada y después de todo el maltrato, intenté quitarme la vida dos veces, pero gracias al tratamiento que estoy recibiendo he podido ir mejorando”, agrega.
María comenta que todos los aspectos de su vida fueron afectados, ya que perdió varios trabajos lo que hizo que su situación económica se complicara. También en lo social, ya que ella se sentía como un bicho raro y no pudo seguir estudiando. Además cuenta que varios de sus familiares le dicen que ella tuvo la culpa, porque fue ella la que no supo tratar bien a su esposo, sobre todo, ser una víctima de violación afectó su vida espiritual, pues ya no cree en Dios.
María considera que la consecuencia más grande luego de una violación, es recuperar la confianza tanto, en ella, como en su familia y en la sociedad, sobre todo en los hombres, ya que cuando ella se encuentra con alguien del sexo opuesto siente cierto rechazo. “Me siento sucia, siento que se va a poner histérico y me va a golpear”, dice María.
Existe un largo camino por recorrer
No cabe duda de que el proceso de recuperación que debe llevar una víctima de violación dentro del núcleo familiar es muy largo. Cabe mencionar que muchos son medicados para llevar un control, sobre todo, para que no entren en depresión y cometan un acto peligroso.
En Sololá es indispensable que exista la información necesaria, para que todas las personas que son víctimas de abuso dentro de su misma familia puedan denunciar y hacer justicia. “Yo espero algún día superar todo esto, muchas personas piensan que es fácil, pero no, es más difícil de lo que se pueden imaginar, debo ser fuerte y continuar con la vida, es algo que no se olvida, pero se aprende a vivir con ello”, dice María, con lágrimas en los ojos.
Para la psicóloga del SAIV, las personas que ha sido víctimas de una violación dentro de su misma familia aún tienen un largo camino por recorrer, pues solamente con el tiempo, terapia y ayuda de las personas cercanas a la víctima, esta puede seguir con una vida normal.
“Es necesario que la víctima no se aísle, pues lo mejor es encontrar a alguien de confianza con la que pueda hablar y expresar sus sentimientos. También es necesario encontrar ayuda profesional, ya que se debe ejercer una terapia, que ayude a la persona a ir superando la violación”, comenta García.
La psicóloga explica que luego de una violación existe el trastorno de estrés postraumático, el cual se puede ir agraviando si la víctima no recibe el apoyo profesional adecuado, también recalca la importancia de la familia y amigos, y la comprensión que deben de tener para poder ayudar a la víctima.
No cabe duda que haber sido víctima de una violación dentro del contexto familiar no es nada fácil ni rápido de superar, pero es algo que con el tiempo se puede ir manejando. “Es difícil, muy difícil, pero si la víctima quiere seguir adelante, y se propone encontrar la felicidad y la readaptación social, puede llegar a hacerlo, ya que las personas que han sido víctimas de estos casos, siempre terminan siendo las más valientes y fuertes, pues han superado obstáculos que muchas personas ni se imaginan”, concluye la psicóloga del SAIV.



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